Un abrazo, Archi
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GOBIERNO RADICAL
Las últimas declaraciones de María Teresa Fernández de la Vega contra jueces y curas no deberían sorprender en el contexto de crispación y frentismo que fabrica el Gobierno. Sí son nuevas causas de indignación, no sólo en aquéllos que han sido directamente vejados como «tenebrosos e inmovilistas», sino también en los millones de ciudadanos que se sienten identificados con la doctrina y la tarea que encarnan los sacerdotes y religiosos y en aquellos para quienes los jueces representan el imperio de la ley. Fernández de la Vega ha certificado el resentimiento que impregna la acción del Ejecutivo contra todas las estructuras sociales que no acatan los dictados del PSOE y sus aliados. Decir que la Judicatura y la Iglesia son los que «se oponen a las reformas y a los avances pendientes» es un alarde de ignorancia histórica inexcusable, pues nadie puede obviar la aportación que tanto los jueces como la jerarquía católica hicieron para el buen fin de la transición política. Fernández de la Vega, magistrada de profesión, tiene que excusarse por faltar a la verdad y aumentar de forma gratuita la discordia social.
No va a ser ésta la legislatura pacífica y angelical que prometió Rodríguez Zapatero. El mismo Gobierno que legisla al asalto contra el poder judicial para «reforzar la independencia de los jueces», a renglón seguido les lanza la más grave invectiva jamás oída en boca de un miembro del Ejecutivo. El mismo Gobierno que quiere el diálogo planetario entre culturas y religiones para alcanzar la paz, lanza en su propia casa una brutal injuria contra la Iglesia.
Desde la instauración de la democracia, no ha habido un Gobierno de sesgo tan radical como éste. La falta de proyectos políticos claros e integradores está siendo sustituida por una agitación partidista continua, basada en la recuperación de los peores argumentos de una izquierda que ya no se ve en Europa. Un ataque de tal virulencia como el protagonizado por Fernández de la Vega es propio de quien carece de argumentos para concitar acuerdos. La explicación es cada vez más clara: éste es el verdadero rostro de un mal Gobierno, empeñado en disfrazar su insolvencia tras un ambiente de crisis social que le permita transferir culpas a otros.
Tenebrosa es la política de un Gobierno que no está expuesta al control de los ciudadanos y del Parlamento, que se mueve a impulsos del chantaje de unas minorías extremistas y que esconde bajo la mesa las condiciones de sus acuerdos. Inmovilista es un partido que actúa como una izquierda anquilosada, con un lenguaje rancio, hostil y vejatorio para descalificar a instituciones fundamentales, cada una en su ámbito, para la cohesión social y el Estado de Derecho. Menos mal que el día antes de producirse estas declaraciones aprobaron el Código del buen gobierno del Gobierno.


Elentir escribió:Estoy contigo, Archi. Diría más: tengo mucha más confianza en la valentía y el buen hacer de los Obispos, de la que me inspiran la mayoría de los laicos. De hecho, si alguien interpreta que los Obispos no actúan públicamente con toda la fuerza que debieran, que busquen la explicación en la falta de apoyo de los laicos, porque es a nosotros, los laicos, a quienes nos corresponde asumir el protagonismo a la hora de hacer pública expresión de nuestras convicciones cristianas en las cuestiones socio-políticas.
En fin, creo desde luego que los laicos españoles tenemos un problema de clericalismo que no tienen, por ejemplo, los laicos de Italia, donde el catolicismo social tiene mucha más fuerza que aquí. Aquí muchos católicos esperan que sean los Obispos quienes hagan una campaña socio-política en defensa de cuestiones en las que nos corresponde lidiar a nosotros, los laicos. Sin embargo, y salvo las plataformas ciudadanas que ya estamos en marcha (HazteOir.org, E-Cristians, FEF, PROFAM, Plataforma en Defensa de la asignatura de religión, Dret a Escollir, etc.), son muchos los laicos españoles que asisten al cruce de declaraciones entre el Gobierno y los Obispos como quien asiste a un partido de tenis. Y eso no puede ser.



Falta de Respeto
La vicepresidenta Fernández de la Vega se creyó con derecho a insultar a los curas y los jueces. Luego rectificó a medias y dijo que sólo se refería a los que se oponen a las medidas del Gobierno. Es decir, quien no piensa como ella es «tenebroso e inmovilista». En justa correspondencia, yo, que tengo un hermano sacerdote y que conozco a bastantes sacerdotes y jueces, me creo con derecho a decirle a la vicepresidenta que es una intolerante. Descalificar a quien no opina igual que uno: eso sí que es tenebroso e inmovilista. Y, como este Gobierno presume de tolerante y dialogante, se cumple el refrán: «dime de qué presumes y te diré de qué careces».
Juan Gaisse Fariña.
Vigo (Pontevedra).

Javitxo escribió:Elentir escribió:Estoy contigo, Archi. Diría más: tengo mucha más confianza en la valentía y el buen hacer de los Obispos, de la que me inspiran la mayoría de los laicos. De hecho, si alguien interpreta que los Obispos no actúan públicamente con toda la fuerza que debieran, que busquen la explicación en la falta de apoyo de los laicos, porque es a nosotros, los laicos, a quienes nos corresponde asumir el protagonismo a la hora de hacer pública expresión de nuestras convicciones cristianas en las cuestiones socio-políticas.
En fin, creo desde luego que los laicos españoles tenemos un problema de clericalismo que no tienen, por ejemplo, los laicos de Italia, donde el catolicismo social tiene mucha más fuerza que aquí. Aquí muchos católicos esperan que sean los Obispos quienes hagan una campaña socio-política en defensa de cuestiones en las que nos corresponde lidiar a nosotros, los laicos. Sin embargo, y salvo las plataformas ciudadanas que ya estamos en marcha (HazteOir.org, E-Cristians, FEF, PROFAM, Plataforma en Defensa de la asignatura de religión, Dret a Escollir, etc.), son muchos los laicos españoles que asisten al cruce de declaraciones entre el Gobierno y los Obispos como quien asiste a un partido de tenis. Y eso no puede ser.
Disculpe usted por la intromisión, pero eso que dices es precisamente lo que lleva diciendo la CTC desde 1986, por lo que no sólo las plataformas ciudadanas son las que dan la batalla en la esfera civil, en el ejercicio de la legítima autonomía en cuestiones temporales de que habla el Vaticano II (De lo cual muchos Obispos parecen no haberse enterado)
Por cierto, HazteOir, FEF, PROFAM, E-Cristians, son plataformas aconfesionales, ¿no? Luego su labor no puede decirse que sea propiamente constructora de "catolicismo social", sino en cuanto que defienden unos valores coincidentes con los del catolicismo social.
Por cierto, ¿alguien me puede contestar si puedo insertar la convocatoria de un acto contra la Const. Europea de un partido político con un cartel la mar de bonito?

Javitxo escribió:Disculpe usted por la intromisión, pero eso que dices es precisamente lo que lleva diciendo la CTC desde 1986, por lo que no sólo las plataformas ciudadanas son las que dan la batalla en la esfera civil, en el ejercicio de la legítima autonomía en cuestiones temporales de que habla el Vaticano II (De lo cual muchos Obispos parecen no haberse enterado)
Javitxo escribió:Por cierto, HazteOir, FEF, PROFAM, E-Cristians, son plataformas aconfesionales, ¿no? Luego su labor no puede decirse que sea propiamente constructora de "catolicismo social", sino en cuanto que defienden unos valores coincidentes con los del catolicismo social.
Javitxo escribió:Por cierto, ¿alguien me puede contestar si puedo insertar la convocatoria de un acto contra la Const. Europea de un partido político con un cartel la mar de bonito?

Libertad religiosa y democracia
Publicada en «Paraula-Iglesia en Valencia» el 19 de diciembre de 2004
La celebración de la Navidad es una efemérides histórica cuyo profundo sentido ha cambiado la vida de millones de personas y de la humanidad entera. El mensaje cristiano exige salir de uno mismo para desarrollar la práctica diaria del amor y del perdón, y ha servido para la lenta y pacífica transformación del mundo.
La paz, la concordia, la justicia, la fraternidad universal, el diálogo verdadero y el respeto a la dignidad humana resultan más difíciles de lograr de lo que pudiera parecer. Entrado el siglo XXI siguen existiendo las guerras, el terrorismo, la violencia, la mentira y formas injustas de ejercer el poder sea cual sea la forma en que se ha logrado. El bien, a pesar de su fuerza irresistible, se difunde con dificultad. No resulta fácil transmitir el mensaje del Evangelio ni en el mundo ni en nuestra patria. Es más fácil destruir que construir.
El Evangelio propone a cada hombre y a cada sociedad de todo tiempo y lugar una actuación basada en la verdad, el amor y el perdón. Sin embargo, en muchas partes del mundo los hombres y mujeres siguen sufriendo persecución por causa del Evangelio.
Nada más alejado del cristianismo que los discursos victimistas propiciados para generar rencor o la retórica que convierten al otro en un enemigo permanente. La verdad nos hace libres, y nuestra misión es ver y acompañar a las víctimas de nuestra época, sean mujeres que sufren la violencia, o sean niños que aun no han nacido.
La vida cristiana no se ajusta a la moda y nos sitúa, muchas veces, en oposición a lo que quieren algunos. Con tristeza he de referirme a una realidad que preocupa a muchos católicos de nuestra tierra que ven cómo por su fe cristiana se les ridiculiza, insulta o se les infunde miedo desde el poder político gobernante en España.
Me preocupa que ante las propuestas de los cristianos en defensa de la vida, de la familia, de la educación en valores que fomentan el amor y el conocimiento de la religión, desde el poder político se responda con insultos y desprecios, y a los católicos y sacerdotes se nos llame casposos, obsesos, fanáticos o tenebrosos.
O los cristianos os calláis o tomamos represalias económicas respecto a la financiación de la Iglesia, y alzamos campañas en menosprecio de la Iglesia y de sus hombres y mujeres. Ese es el inequívoco mensaje que desde el poder político se está lanzando a través de sus poderosos medios de comunicación y que crean efectiva confusión en la sociedad.
Como Pastor de la Iglesia en Valencia, debo decir que estas actitudes resultan más propias de una democracia formal, de una partitocracia, donde los ciudadanos están en libertad bajo la vigilancia de los poderes fácticos, que de una democracia participativa, en la que las ideas, propuestas y contrapropuestas fluyen en libertad y sin las amenazas desde el poder político de boicot económico o cambios unilaterales en los Acuerdos que se alcanzaron ya vigente la democracia.
Cierto es que en ocasiones tras la pedrada dialéctica que nos lanza el gobierno y su equipo llega luego el intento de matización, o seudo-rectificación, pero se suceden tanto los insultos que ya no sabes si van a disculparse por lo que dijeron ayer o por lo que tienen pensado insultar mañana.
En España hemos progresado mucho en los últimos decenios y sabemos que no basta llamarse demócrata para serlo. Los sorprendentes cambios de las reglas democráticas en el seno del Consejo General del Poder Judicial son interpretados por una gran mayoría de jueces y magistrados como un intento gubernamental de limitar la independencia judicial. Ello no es bueno para la democracia, gobierne quien gobierne.
El concepto de libertad religiosa, de independencia judicial o de democracia no pueden resultar tan peculiares en España que supongan en realidad un plan preordenado de continuas trabas y limitaciones a la verdadera libertad y democracia. Los ciudadanos, cristianos o no, debemos escuchar a todos y usar la inteligencia para ver cuáles son las verdaderas intenciones tras el cúmulo de actuaciones de cada personaje público.
Con mi bendición y afecto,
Agustín, Arzobispo de Valencia.


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