*La Iglesia se defiende del Código Da Vinci

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Notapor Winfrid » Dom May 28, 2006 1:51 pm

...Ah, y como anotación, hay jóvenes de 24 años que de católicos tenemos poco y no nos creemos menos inteligentes o con menos criterio que los creyentes....


Ojo entonces, no sea que una limitada creencia no-católica pueda llevar a juicios poco inteligentes sobre algo en lo que algunos no encuentran interés ni atracción. Sería una prueba patente de prejuicios, actitud muy poco inteligente...siempre.

...Gente culta y gente estúpida la hay en todas partes, en todas las edades y en todos los sexos...


Sin duda. En proporciones más o menos correspondientes y equiparables...y passim, además.

Y, sin embargo, la masiva difusión-atracción del novelucho entre ciertos grupos resulta elocuente y, hasta cierto punto, definitorio.

¿No?

:roll:
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Notapor libero » Dom May 28, 2006 10:17 pm

Parece ser que no eres tú el único que piensa lo que expresas en tu última reflexión, Winfrid.

Recordemos que Eduardo Mendoza, en su artículo Plagio (El País, 6-03-2006), atribuye a Dan Brown "el mérito de haber constuido (...) un libro entero sobre la base de presuponer al lector un nivel de simpleza e ignorancia abismal, y un deseo genuino de asimilar tópicos y necedades sobre la Iglesia, el arte y la historia, explicados a bebés".

A lo que añade:

"Por supuesto, hacer accesibles a los tontos los misterios de la religión y la cultura es un insulto a la religión, a la cultura y a los tontos, pero por lo visto vende bien".
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Notapor Winfrid » Dom May 28, 2006 10:36 pm

Pués no sé qué decir, porque nunca me habían encontrado parecido con el Mendoza ese - y menos con lo que piensa y escribe -, ni leo el País, faltaría más.

Me alarma la comparación...

Y que la gente de HO lea al Mendoza ese en El País, también.

:roll:
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Notapor Chesterton » Dom May 28, 2006 10:55 pm

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Notapor libero » Lun May 29, 2006 8:13 am

Winfrid escribió:Pués no sé qué decir, porque nunca me habían encontrado parecido con el Mendoza ese - y menos con lo que piensa y escribe -, ni leo el País, faltaría más.

Me alarma la comparación...

Y que la gente de HO lea al Mendoza ese en El País, también.

Me limito a dejar constancia de la coincidencia, precisamente por haber sido en un diario tan poco afín a la Iglesia como El País donde se publicó el articulo de Eduardo Mendoza (novelista de reconocido prestigio, más allá de las connotaciones ideológicas que para cada quien pueda tener, y autor de obras como La verdad sobre el caso Savolta, El misterio de la cripta embrujada, El laberinto de las aceitunas o La ciudad de los prodigios).

Por otra parte, para acceder a ese texto, no es en absoluto necesario haber leído el diario socioprisaico...

Se reproduce en varias páginas web... Por ejemplo, en ésta o en esta otra.

También en la web del Opus Dei...

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Notapor Agus » Lun May 29, 2006 9:04 am

Jinburen escribió:Yo cada vez estoy más estupefacto de la cantidad de tinta, papel, video, radio, bits, opiniones de expertos, documentales, artículos, libros, revistas, conferencias, sermones, declaraciones oficiales y oficiosas, dólares y euros que se han usado y se seguirán usando para desmontar una novela.

Y encima una novela mala...


Yo cada vez estoy más estupefacto de la cantidad de tinta, papel, video, radio, bits... que se ha usado y se sigue usando para insistir en que resulta 'estupefaciente' contemplar cómo hay quienes oponen a una mentira de dimensiones planetarias que daña a una institución la verdad y la transparencia. :lol:

Este interesante artículo hoy aparecido en El Mundo me parece ilustrativo para esas estupefacciones. Ahora, que hay quien no quiere ver es otra cuestión:

TRIBUNA LIBRE

'El código Da Vinci': la importancia de los hechos

SIMON JENKINS

Reconozco que he tenido una experiencia casi mística esta semana en el vestíbulo del cine Odeón de Londres, el que está al lado de mi casa. Entre el gentío que salía a raudales de ver la película El código Da Vinci, los comentarios que iban de boca en boca no giraban en torno a la trama, la interpretación o el argumento.Se planteaban preguntas acerca de los hechos. ¿Qué partes eran realmente verdad? El prólogo del libro de Dan Brown en el que se basa la película impacta al lector con un disparo certero entre ceja y ceja. Su afirmación es rotunda: «Hecho: el Priorato de Sión, una sociedad secreta fundada en 1099 en Europa, es una organización que existe realmente». Entre sus miembros han figurado presuntamente Isaac Newton, Botticelli, Víctor Hugo y nuestro viejo amigo Leonardo da Vinci. Los miembros de esta sociedad estaban convencidos de que Jesús se casó y tuvo un hijo y se constituyeron a sí mismos como guardianes de los descendientes de Cristo, a pesar de que muchos de ellos han sido horriblemente asesinados por el Opus Dei.
No me cabe ninguna duda de que esta reivindicación indirecta de veracidad constituye la base del fenomenal atractivo del libro: 50 millones de ejemplares vendidos hasta la fecha. El código Da Vinci se propone reescribir un principio fundamental de la civilización occidental, inculcado en la mayoría desde el mismo momento del nacimiento. De ahí que los espectadores estén ansiosos por saber si las partes del libro y de la película que dicen ser hechos auténticos merecen en realidad que se les considere como tales.

La respuesta es que no. La utilización de la palabra «hecho» para abrir El código Da Vinci es una mentira. El Priorato fue un engaño magníficamente bien urdido por un embaucador francés en los años 50 del siglo pasado. Al engaño se le dio crédito por culpa de Chronicle, un programa de la BBC que picó el anzuelo, y posteriormente por culpa de los autores de un libro que fue un éxito de ventas en 1982, titulado The Holy Blood and the Holy Grail [La sangre sagrada y el Santo Grial]. Eso es lo que ha copiado Brown y ha llamado «un hecho». No se trata de una más o menos difusa inspiración en hechos reales, tan querida por la moderna ficción. Se trata del punto alrededor del cual gira toda la intriga de la historia.

Es en este momento en el que se nos echa encima el sindicato variopinto de novelistas, guionistas de películas y publicistas de cine, todos ellos reivindicando un derecho ancestral a reinventarse las cosas a su gusto. Su trabajo, afirman, consiste en crear su propia realidad. Los hechos pueden ser muy aburridos y desaparecerán de las estanterías con mayor rapidez si reciben un poquito de ayuda de la ficción. Además, el arte siempre ha hecho de la Historia su esclava, no su ama. ¿No fue Henry James el que se refirió a la «fatal futilidad de los hechos»? ¿Cómo se las arreglaría la hermosa doncella (la hipótesis) para sobrevivir si sufriera constantemente la violación del ogro (los hechos)? Es en este momento en el que el sindicato llama invariablemente en su ayuda a su presidente honorario, Shakespeare.

En cuyo caso, ¿por qué los espectadores de la película se sentían tan desconcertados e incluso preocupados? La respuesta radica en que Brown no se estaba limitando simplemente a socavar los conocimientos religiosos recibidos (no hay ningún mal en ello y ni siquiera es nada nuevo) sino en que estaba utilizando una herramienta específica. Estaba manipulando lo que debería ser un objeto diferente de veneración, en concreto lo que los espectadores entienden por verdad, su reverencia instintiva hacia los hechos.

Los periodistas tienen una cosa en común con los historiadores: una obligación residual para con la verdad. Podrá parecer difícil de creer pero el que un periodista serio dé por bueno un dato falso produce un perjuicio. Los hechos deberían ser sagrados.Tienen que averiguarse y comprobarse, no vale con inventárselos.Existe toda una profesión dedicada, se supone, a recopilarlos y valorarlos. Como decía Tom Stoppard con mucha gracia, «las opiniones son gratis, pero los hechos tienen un coste». Me molesta que la ficción se apropie de esta actividad y la abarate. Las novelas históricas optan por lo más fácil: su inventiva impone la armonía frente a la cacofonía de los hechos. Los novelistas deberían aceptar la misma disciplina que la Historia y el periodismo.No deberían situar la batalla de Hastings en 1067 o Waterloo en 1816. Eso no es exacto. En último término, deberían intentarlo.Cuando Tolstoi describió la batalla de Borodino, puso el máximo esfuerzo en situar fechas y hechos meticulosamente en orden.Conan Doyle y Agatha Christie se tirarían de los pelos si sus lectores no pudieran confiar en que los datos que facilitan son más fidedignos que los villanos de sus novelas.

Los cineastas caen víctimas de este defecto con mucha mayor facilidad.Una de las observaciones más estúpidas realizadas sobre el séptimo arte fue aquella de Jean-Luc Godard de que «el cine es la realidad a 24 imágenes por segundo». Oliver Stone en JFK, Jim Sheridan en el filme En el nombre del padre y Stephen Spielberg en La lista de Schindler reivindicaron algo parecido. En estas películas, precedidas como es habitual en estos casos por el sello de «basada en hechos reales» que les otorga el visto bueno, es imposible separar la verdad de la invención.

Lo que en la propaganda manifiesta podría ser descalificado como falso, en un seudodocumental adquiere una gran fuerza. La película de David W. Griffith El nacimiento de una nación fue acusada, no sin razón, del resurgimiento del Ku Klux Klan. Daniel Boorstin, un historiador de la cultura de Estados Unidos, ha llamado la atención sobre el hecho de que en los albores del cine las películas «se atribuían la capacidad de que se confundían con la realidad...de que nos hacían transitar más confiadamente por el terreno precario de la imaginación». Debe de ser eso lo que explica las razones por las que El código Da Vinci ha movilizado a miles de personas en busca de los lugares reales en los que transcurre el libro y, paradójicamente, ha incrementado las adhesiones al Opus Dei. Está claro que estas personas no creen que el libro sea una pura fantasía.

Como me encanta el cine, encuentro deprimentes las películas que no tienen ninguna gracia. Nunca he creído que no tengan su influencia, versen sobre lo que versen, sea amor, política, sexo, violencia o corrupción. No es así como las ven los que las hacen.Pregunten a Costa-Gavras, pregunten a Michael Moore. Como declaró Woody Allen en cierta ocasión, «si he conseguido que haya otra persona más que se sienta deprimida es que he hecho bien mi trabajo».Sin embargo, una visión parcial de unos hechos puede conseguir sus propósitos sin tener que explotar la credulidad con una mentira.Las buenas biografías se esfuerzan por arrojar algo de verdad, si no toda la verdad, sobre los biografiados. Como es evidente, están «basadas en hechos reales», pero no se presentan con ánimo de engañar. En cualquier caso, la ficción es capaz de fabricar su propia propaganda. La mejor película sobre Bill Clinton fue Primary Colors y la mejor película sobre el caso Watergate fue Washington Behind Closed Doors, ninguna de las cuales hacía creer que presentaba unos hechos.

El éxito fenomenal de El código Da Vinci lo convierte en la apoteosis del engaño.

Resulta comprensible que la Iglesia católica solicitara que la película se abriera con un desmentido sobre el Opus Dei, del estilo del que se utiliza en la frase «cualquier parecido con personas reales...». La solicitud fue rechazada porque podía arruinar la verosimilitud impostora de la película. De ahí la irritación que ha llevado al historiador religioso Bart Ehrman a escribir su obra demoledora Truth and Fiction in The Da Vinci Code [Verdad y ficción en 'El código Da Vinci']. Debería ser obligatorio leerla junto con el original antes de que la capilla de Rosslyn se vea inundada de turistas hasta los topes. No obstante, el juez del Tribunal Supremo encargado del juicio reciente de plagio contra Da Brown en relación con el Santo Grial no estaba interesado en absoluto en determinar si el libro estaba pensado para inducir a error o si difamaba a personas o instituciones.Su única preocupación era ver si encontraba algo de honor entre estos ladrones de la verdad (¡y a nuestra costa!).

El periodismo tiene ya bastante con proteger de los intrusos (incluidos los suyos propios) la Fortaleza de los Hechos hasta que llegue el turno de los historiadores. Resulta muy penoso encontrarse con que hay novelistas y cineastas que entran en ella por la parte de atrás y que roban el tesoro. Las palabras no significan lo que nos viene en gana. Los hechos son siempre hechos con independencia del contexto en que se utilicen y deben ser respetados, tanto en la ficción como en la Historia. El diccionario no acepta excepciones en favor de los novelistas. Tienen a su disposición todo el alcance de la imaginación humana. Pueden jugar con luces y sombras, con la fantasía y con la magia, pueden volar libres de la realidad para conjurar sus historias desde el aire. Ahora bien, los hechos son sagrados. Y si los escritores los utilizan para disimular sus inventos, diré que son unos mentirosos.

Simon Jenkins es columnista del diario británico The Guardian.
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Notapor Jinburen » Lun May 29, 2006 9:59 am

Uno más para la colección.
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Notapor Elentir » Lun May 29, 2006 2:19 pm

Jinburen escribió:Uno más para la colección.

¿Qué pretendes tú, que no se hable de un libro plagado de mentiras que ya ha vendido 50 millones de ejemplares?
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Notapor Jinburen » Lun May 29, 2006 2:31 pm

Elentir escribió:
Jinburen escribió:Uno más para la colección.

¿Qué pretendes tú, que no se hable de un libro plagado de mentiras que ya ha vendido 50 millones de ejemplares?


Que se hable todo lo que se quiera. Qué más quieren los editores.

¿De verdad creeis que la gente basa su Fe en si unos hechos históricos son más o menos cuestionables?
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Notapor Belvís » Lun May 29, 2006 2:35 pm

Muy bueno el artículo, Agus, gracias por colgarlo :ok:

Jinburen escribió:¿De verdad creeis que la gente basa su Fe en si unos hechos históricos son más o menos cuestionables?


Ese es el problema, que se están discutiendo hechos históricos que no son cuestionables. Y se está difamando pensando que no es tal, porque es cuestionable...Y muchos estamos más que hartos de que se consideren cuestionables cosas que no lo son.
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Notapor Melqui » Lun May 29, 2006 7:30 pm

Jinburen escribió:¿De verdad creeis que la gente basa su Fe en si unos hechos históricos son más o menos cuestionables?

Depende del hecho histórico, Jinburen.

El hecho histórico de la resurrección de Jesucristo, por ejemplo, sí es esencial para basar la fe cristiana. Si Jesucristo no resucitó, no hay cristianismo.

Un saludo.
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Notapor Zumardi » Lun May 29, 2006 7:32 pm

Resistir

Eduardo Arroyo

http://www.elsemanaldigital.com/arts/51085.asp?tt=


22 de mayo de 2006. A finales de abril, el arzobispo Angelo Amato, secretario vaticano de la Congregación para la Doctrina de la Fe, se refirió en términos muy duros a la película de Ron Howard El Código Da Vinci: "Si tales errores y mentiras se dirigieran contra el Corán o contra el Holocausto, el resultado hubiera despertado la ira del mundo".

Los que en esta época de mediocridad todavía conserven la capacidad de pensar no podrán negar que asisten buenas razones al arzobispo.

En efecto, en Austria el historiador David Irving, cuyos libros se venden en todo el mundo por millones, ha sido condenado a tres años de cárcel por negar que en Auschwitz existieran cámaras de gas, y en nueve países de la Unión Europea es delito -con penas de multa y prisión- la negación o minimización del Holocausto.

Y en efecto también, el escritor Salman Rushdie ha pasado varios años de su vida escondido a causa de una "fatua" del Imán Jomeini, por la descripción del profeta Mahoma en su obra Versos satánicos. No digamos nada de la ira islámica que despertaron las caricaturas del profeta en el periódico danés Jyllands-Posten, a raíz de la cual la redacción del periódico se halla –todavía hoy- custodiada por guardias de seguridad. Algunos de sus periodistas han tenido que esconderse e incluso George W. Bush pidió disculpas a la comunidad musulmana, lo mismo que otros jefes de Estado.

Por el contrario mofarse de Cristo sale gratis y Ron Howard va de "progre" porque no molesta al poder. En España, los chicos de Prisa y otros correligionarios remachan una y otra vez cualquier declaración, reportaje o entrevista que pueda dar pábulo al punto fuerte de El Código Da Vinci: el disfraz científico de mentiras groseras.

Todo esto prueba que en realidad, no es que vivamos en un Estado neutro aconfesional reflejo de una sociedad respetuosa, sino más bien que existen poderes mediáticos que pretenden convertir a nuestras sociedades en anti-cristianas. El objeto no es otro que sembrar la duda en una población política e históricamente analfabeta, sobre algo que constituye la raíz misma de Occidente: el cristianismo. Pero hay más aún. Tras los sucesivos intentos fracasados por fundamentar la ética humana en algo que no sea el Dios trascendente de los cristianos, la descristianización de Occidente no llevará nada más que a la barbarie. Una barbarie que no tiene por qué ser necesariamente violenta; al poder le conviene más la maleable barbarie de los muertos en vida, de los individuos anónimos, sin referencias ni valores claros, manipulables por la propaganda y a merced del próximo "Dan Brown" de turno.

Sin embargo, el Evangelio, en frase certera, anuncia que "por sus frutos les conoceréis", y dada la debacle cotidiana de neoliberales, marxistas y compañeros de viaje por solucionar los problemas más íntimos del corazón humano, el mensaje cristiano aparece cada vez más como el único capaz de restaurar al hombre occidental en su sano juicio. Nadie salvo el cristianismo defiende en Occidente la vida humana en términos absolutos frente al poder omnímodo del dinero y de las degradaciones ideológicas. Por eso, hoy más que nunca, los cristianos tienen el deber de resistir y afirmar su fe en positivo, desplegando con el ejemplo el mensaje liberador del Evangelio. A fin de cuentas, El código Da Vinci no es otra cosa que la ira del incapaz y, por eso, en palabras del maestro Eckhart, "cuanto más blasfeman, más alaban a Dios".
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Notapor Elentir » Lun May 29, 2006 7:36 pm

No tiene sentido copiar enteros en el foro artículos que están disponibles en internet. Estráctalos, en todo caso.
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Notapor Chesterton » Lun May 29, 2006 7:56 pm

Muy interesante Zumardi.

¿Bienvenido o bienvenida? :wink:
Chesterton
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Hola

Notapor Zumardi » Mar May 30, 2006 8:06 am

Bienvenido, jaja. Muchas gracias.

En primer lugar, quería agradeceros vuestra actividad, me parece genial.

No sabía que se sobrecargaba el foro al colgar artículos enteros. No volveré a hacerlo. De todas formas, ninguno de ellos supera una página, por tanto, son de la misma extensión que cualquier opinión personal medianamente elaborada.

Uno de los moderadores me preguntaba un tanto irónicamente que si no sería interesante incluir mis propias opiniones. Yo creo que depende. A veces, lo que yo intuyo o siento pero no soy capaz de expresar adecuadamente, me lo encuentro inmejorablemente escrito por alguna cabeza brillante. En ese caso prefiero simplemente citar.

Al fin y al cabo, no estamos aquí para lucimiento personal, sino para intentar contribuir a arreglar los problemas del mundo, y de España. Que son muchos.

Un saludo.
Zumardi
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