por Novak » Lun Jun 26, 2006 7:36 pm
Hoy, que el proyecto de Perpiñán avanza en lo que parece una incontenible mazazo contra la realidad histórica de España y, al tiempo, la regla de juego de nuestra Constitución y que es la que permite resolver los conflictos por vía pacífica; hoy que las esperanzas renacidas parecen irremisiblemente marchitas, quiero expresar mi apoyo al movimiento “Rosas Blancas por la Dignidad” y, en la medida de lo posible, dar razón de mi esperanza, que es la suya.
Creo que, para entender lo que está pasando desde los últimos años, hay que meterse un poco bajo la piel de estos destructores, intentando comprender el porqué de sus actos.
El gobierno de Aznar, con todas sus limitaciones, demostró a separatistas y terroristas que la derecha tenía una capacidad -para ellos insospechada- de lograr un gran éxito para el proyecto de una España en libertad y prosperidad, que ellos aborrecen y temen. Allí donde el de González había cosechado corrupción, ineficacia económica y mediocre lucha contraterrorista, trufada de crimen de estado, Aznar demostró que con tesón, honradez y respeto a la ley podía disminuir hasta casi eliminar la corrupción, alcanzar un trayectoria histórica de pujanza económica, desarrollar una política antiterrorista eficaz, con continúa asfixia del tupido entramado Eta, y elevar el prestigio y la influencia de España a cotas desconocidas desde el siglo XVIII.
Este formidable éxito fué, sin duda, el fundamento de la alianza que, en su contra, se estableció. Separatistas, terroristas y socialistas, aterrados, se percataron que su suerte estaba echada; que -dados sus principios y hábitos- podían darse por arrojados de todo poder a medio plazo y, a largo, por borrados del mapa por decisión del mismo electorado español. Su alternativa era, o bien reciclarse, rectificar, convertirse en fuerzas políticas y sociales realistas, honestas, puestas al servicio del bien común, de la libertad y la prosperidad de los españoles; o, bien, destruir el soporte que había permitido a la derecha alcanzar el poder y, con su éxito, colocarlos a ellos en vías de extinción.
Precísamente su fulgurante éxito fué lo que suscitó en sus corazones un profundísimo odio a Aznar. Porque al demostrar que allí donde ellos habían fracasado con malas artes, él había triunfado con juego limpio. Esto es algo imperdonable para ellos. Hubo un movimiento de pánico, que desembocó en una apretada alianza socialista-separatista-terrorista, destinada a hacer imposible \"como sea\" que la derecha pudiera \"nunca más\" colocarlos a ellos en trance de desaparecer. Y de ahí la manipulación, con cobertura prisáica, de un accidente de transporte marítimo, y de la decisión de Aznar de elevar a España al rango de potencia aliada en primera línea en defensa del mundo libre, sin intervenir siquiera en las operaciones bélicas de la liberación de Irak. De ahí la campaña de agitación permanente, con actos de acoso y vandalismo contra sedes del pp. De ahí, y no por casualidad, empezamos a ver cómo métodos de acción del entramado terrorista en las Vascongadas, empezaba a asomar la patita en la generalidad de la geografía española. De ahí, la consumación del pacto de Perpiñán.
De los detalles del resto espero nos enteraremos un día no muy lejano. Pero, sabed, que con la ofensiva actual, cuyo mascarón de proa es ese fraude de ley notorio que es el mal llamado \"estatuto catalán\", y que es la voladura de la nación y la constitución española, están -en rigor- defendiendose; están atacando cómo único medio de defensa que les queda. Y, o una de dos, alcanzan éxito, o -caso contrario- con su fracaso, su caida será espectacular e irreparable.
El fracaso de esta alianza contra España del pacto de Perpiñán es posible. Sólo es necesario que un número suficiente de españoles no ceda; antes bien, que alce la voz y denuncie públicamente el proyecto de tiranía. Como decía Burke, para que el mal triunfe es preciso que los hombres buenos no hagan nada. Hay un número -aún reducido- de hombres buenos que están actuando defendiendo nuestro baluarte, que es España. Hombres decididos, determinados, a no dejarse avasallar, a no dejarse silenciar ni maniatar. Pero necesitamos que sean más, muchos más. Conseguido el número crítico, el desplome de la alianza tiránica será rápida y contundente.
Es algo arduo aumentar el número de los españoles conscientes y motivados a denunciar públicamente. El peso de Prisa es colosal, unido a los medios de comunicación en manos del gobierno. Ved que la Cope, no sólo está aguantando el múltiple embate de los de Perpiñán, sino que está consolidando su posición de segunda radio, y pronto será la primera. Su cobertura ha hecho posible la colección de megamanifestaciones de protesta, incluyendo las megamanifestaciones.
Podemos vencer; y si lo hacemos, los atemorizados miembros del club de Perpiñán se van a despeñar por un precipicio sin fondo. Sólo es preciso no cejar en el empeño. Actúar denunciando e incrementar cada día el número de los defensores de la libertad de los españoles. Ánimo y adelante.