por Saavedrata » Sab Mar 07, 2009 6:31 pm
(2) Repuesta al anterior.
EUTANASIA Y CONTROVERSIA
Publicado en "La Nueva España" el sábado 1de diciembre de 2007
En las siguientes líneas, quiero contestar al artículo de D. José Luis Atienza Merino, publicado en LA NUEVA ESPAÑA “Sobre la eutanasia, una vez más” (pulsar para leer) del 4-11-07. Su autor nos da una amplia visión de la problemática de la eutanasia. Nos habla acerca de la pertinencia de una ley sobre la eutanasia y el suicidio asistido en base al sufrimiento y deterioro que, como señala, preceden en general a la muerte. Serviría para el ejercicio de un derecho personal de toma de decisiones libre y autónomo, ligado, a su vez, a la autonomía moral, esto es, a la capacidad de autogobierno y autogestión de la propia vida y de la propia muerte, igualmente vinculado a la dignidad de la persona, parafraseando sus propias palabras. El discurso que utiliza mi compañero Atienza, apoyado en tales postulados, es claro y atractivo; hasta diría yo, convincente. Pero en su argumentación rehuye de entrar a fondo en razonamientos y principios de naturaleza antropológica y doctrinal.
Dos enfoques contrapuestos
Sé que partimos los dos de visiones opuestas que nos encaminan a explicaciones y valoraciones diferentes. Sin embargo, con ánimo más que de corregir o acusar, de acercar o completar nuestros puntos de vista, van encaminados mis comentarios. He leído detenidamente y varias veces el escrito, convengo con el autor en las abusivas descalificaciones personales y la criminalización indiscriminada que a veces se hacen del tema. Pero ello no obsta a que puedan producirse severas objeciones, de las que pueden ser objeto, algunas explicaciones que se dan en el escrito. Voy por partes y centrado en aspectos más relevantes. Dice el autor, y al parecer en nombre de la asociación “Derecho a Morir Dignamente” (DMD), “Defender la eutanasia no es, por lo tanto, el síntoma de una patología....sino, muy al contrario, una expresión más de amor a la vida y de defensa de la autonomía y dignidad de los sujetos”. Tengo que discrepar necesariamente de este párrafo, cuando para muchos que defendemos la vida, creyentes o no, la eutanasia supone la destrucción deliberada de la vida de una persona, tal vez irreversiblemente dominada por la angustia y el sufrimiento. Ni aún en esas circunstancias, cuando parece que la muerte es una liberación de una existencia sin sentido, creemos que nadie es dueño de su vida y la de los demás, sino tan solo un mero administrador de la misma que, como tal, debe respetarla en cualquier momento y circunstancia.
Un imperativo moral y antropológico
Esta es una exigencia proveniente, no sólo de las propias convicciones religiosas, -por las que se reconoce solo a Dios como autor de la vida y la muerte-, sino de los postulados más básicos de una antropología humanista, que considera la vida como un bien en sí mismo, de naturaleza inviolable, un bien preciado que no debe ser vulnerado por nadie. Por lo tanto, el principio de la inviolabilidad de la vida humana se opone a la eutanasia voluntaria y al suicidio asistido, a la idea de que, en algunas circunstancias, morir es un bien y vivir un mal, o a la pretensión de que el hombre tiene el derecho a elegir libremente el procurarse o procurar a otros la muerte. Desde luego, no creo que sea acorde con el ejercicio de la verdadera libertad humana y menos con su dignidad, convertirse en propio ejecutor de su muerte o coautor en la muerte de otros.
¿Libertad absoluta sobre la vida y la muerte?
El Sr. Atienza vincula igualmente la pertinencia de una ley sobre eutanasia a la cuestión de la autonomía y la dignidad de los sujetos. Parte del derecho que todo individuo tiene de autogobernar y autogestionar la propia vida y la propia muerte. Tampoco estoy de acuerdo con esta omnímoda potestad de disposición sobre la vida y la muerte propias. No es, al menos, el sentir común de los humanos, que reconocen la limitación de sus atribuciones. La libertad de elección es el principio existencial del bien o el mal, ya que éstos dependen de la elección libre. Somos libres para elegir lo que haremos y así convertirnos en las personas que somos. No somos libres, sin embargo, para hacer que lo que elegimos sea moralmente bueno o malo. Sabemos por experiencia que hemos elegido libremente hacer cosas que moralmente eran malas, esto es, podemos elegir el bien o el mal. Esto significa que nuestras elecciones deben ser guiadas por la verdad y que podemos conocer la verdad antes de elegir. Esto quiere decir, que existe un nexo entre la libertad y la verdad, entre la libre elección y la ley moral. Por lo tanto, no somos libres para hacer lo que nos da la gana, sino que, por el contrario, el ejercicio responsable de la libertad debe encaminarse hacia la recta razón, el respeto a la ley natural, las leyes positivas justas y el bien común. Sin los cuales, la libertad se convertiría en libertinaje, y el ejercicio responsable, en simple arbitrariedad.
La eutanasia y el suicidio asistido, una ofensa a la dignidad humana
Claro que pensar o hablar en estas condiciones de la dignidad humana sería, cuando menos, una incongruencia. Por más que se quiera justificar la eutanasia o el suicidio asistido, resulta una indignidad su puesta en ejecución, ya sea por aquellos médicos que, por su juramento hipocrático, están llamados a salvaguardar la vida por antonomasia, ya sea porque hoy son vencibles los sufrimientos del enfermo por los cuidados paliativos existentes, ya sea porque la comprensión y el acompañamiento afectuoso de los familiares pueden reconfortar al enfermo y ahuyentar el sentimiento de desesperación. Por otra parte, con la implantación legal de la eutanasia no es banal el temor a los abusos, es decir, el miedo a entrar en una pendiente resbaladiza de la que ya no se puede salir. Basta pensar en el programa de los profesores K. Binding y A. Hoche, dirigido a eliminar las vidas consideradas indignas de vivir, o la propuesta del doctor Brody de hace pocos años sobre el suicidio asistido. Creo sinceramente, querido José Luis, que el problema de fondo es cómo conseguir ayudar a los hombres de nuestro tiempo a tomar conciencia de la inhumanidad de ciertos aspectos de una cultura de la muerte y volver a descubrir los valores oscurecidos por ella.
Pedro Bengoechea Garín
Miembro del Secretariado Diocesano de Defensa de la Vida Humana-Oviedo