Kutoman escribió:. En este sentido, como en muchos otros, la Iglesia tambien ha quedado desfasada -a mi modo de ver- de la realidad histórica y social que ha hecho siempre del matrimonio una institución (sí, institución) social de caracter económico-comercial; en otras palabras una sociedad mercantil que administra unos bienes puestos en común, que fortalece alianzas entre clanes y familias, etc. y que igual que se crea se puede disolver con las debidas garantías ante y para terceros (por ejemplo, hijo), garantizando siempre su futuro, bienestar, educación etc. O ¿acaso es mejor condenar al "infierno" en vida a qyuienes cometieron un severo error y se percatan de ello? ¿Hay que vivir instalados en el rencor, el repudio, el desamor... de por vida? Eso se llama crueldad y es inhumano... muy muy poco caritativo, reconociendo que somos criaturas de Dios débiles e imperfectas porque Él así quiso crearnos.
Saludos cordiales
Kutoman, en este sentido como en tantos otros, la iglesia no ha quedado desfasada, al contrario expresa una posición vanguardista al reconocer lo verdadero y no negarlo. Me explico, toda vez que es un hecho objetivo que Dios se ha revelado al hombre a traves de la creación, profetas y santos, culminando tal revelación al adoptar condición humana en el Cristo e inundar con su espíritu a la única institución directamente creada por él en Pedro, al que concedió el poder divino para "atar y desatar", resulta del todo vanguardista reconocer a esa institución, que tú reduces a algo social de caracter "economico-comercial", una dimension de vanguardia que supera la concepción antropologica del homo mercantil. Es decir, que con la iglesia fundado por Dios y en la que se sigue revelando,esa institución adquiere el rango de lo sagrado y es elevada a una mayor dignidad, esa institución queda sacramentada.Lo cual sigue siendo hoy, sin duda alguna, algo tremendamente revolucionario desde un punto de vista social y bello desde un punto de vista antropológico, así como verdadero desde un punto de vista sobrenatural, que dota a las familias humanas que así lo creen de una especial fortaleza a la que por la sola costumbre o el mero interés nunca se habia podido llegar. Una revolución ¿no crees?
Dios nos creo, como tu bien reconoces, débiles e imperfectos, pero no termina ahí la historia; no nos dejó solos, no nos dejó desamparados sino que se hizo hombre y participó de nuestra debilidad para enseñarnos cual es la verdad y que creyendo en él y en la iglesia que él nos regaló tras su resurreción y el envio de su espíritu, es de la única manera en la que hombre puede ser auténticamente caritativo, porque sin verdad no hay caridad.
En cuanto a la condena al infierno ( inferior), que no quiere decir otra cosa que el alma vive en un estado inferior al no ser capaz de amar, es fruto de nuestras libres decisiones. No es un castigo sino una consecuencia directa de nuestras conductas. Si repudias a tu mujer, o incluso antes si te casas confundiento el enamoramiento o el sentimentalismo con el amor auténtico vivirás un infierno porque de ti no sale amor. Pero para poder amar
de verdad, para ayudarnos a ello es necesario que Dios enseñase al hombre como se ama
de verdad, por eso se encarnó, para dar la vida, para enseñarnos que amar de verdad es dar la vida por el otro y por eso se dejó matar en una cruz, demostrando con su resurreción que la cruz en realidad no mata sino da que la vida auténtica y que huir de la cruz es no amar y que no amar es lo que lleva a vivir un infierno. Por eso un matrimonio sacramentado en el que los dos aceptan sin reservas la verdad del amor como Cristo la enseñó ,se esfuerza por poner a Cristo en medio de ellos, a Dios en ese matrimonio, que es el único que puede conceder esa fuerza sobrenatural que permite al hombre amar de verdad en el matrimonio al margen de intereses económico comerciales y egoistas.
No hay nada de carativo en dejar de amar a tu mujer o en repudiarla ni en sustituirla por otra,ahí está la auténtica crueldad, no te engañes. Si no vas a amarla para siempre no te cases, si te casas ámala siempre, hasta dar la vida por ella en la cruz. Esta es la diferencia entre un matrimonio cristiano y una unión pagana, el cristiano cuenta con Cristo, confia en la fuerza que él le da para ser capaz de amar por encima de lo estrictamente biológico o natural. Esta es la auténtica revolución, la auténtica vanguardia, la auténtica caridad que eleva la dignidad del hombre hacia lo sagrado, hacia el Dios que te ha creado por amor y para el amor.